¿Cómo educar bien a los hijos?

Conocer bien a nuestros hijos para poder darles una buena educación

Es absolutamente necesario conocer a cada uno de los hijos para quererles bien, pues lo de quererles mucho se da por sentado. Decía Aristóteles que “nada se quiere si no se conoce”.

Querer bien a un hijo es prestarle las ayudas necesarias en el momento oportuno y por la persona adecuada en función de su realidad. No vale la generalización de ayudas a los hijos: cada uno es diferente al resto y, desde esta diferencia, hay que procurar acertar en las ayudas específicas.

Insistimos: toda ayuda innecesaria limita a quien la recibe. No debemos sustituir a nuestros hijos en aquello que puedan realizar ellos.

Hemos de respetar totalmente sus estilos, tendencias, motivaciones, vocaciones, etc., pues cada hijo es un proyecto singular y original difícil de preveer.

educar bien a los hijos

A través del mejor y mayor conocimiento logramos orientarlos hacia donde pueden sentirse perfectamente realizados, por hacer aquello que les permiten sus aptitudes.

Cada realidad familiar marcará la línea de actuación en función de sus circunstancias, sus medios, sus criterios y sus posibilidades, pero en todos los casos el proyecto global deberá marcarlo cada uno de los hijos con los apoyos, ayudas, orientaciones, etc., que se van prestando.

Conocer bien a los hijos para lograr una educación personalizada

Si siempre fue necesario conocer bien a los hijos para lograr una educación personalizada, lo más ajustada posible a su realidad, hoy es infinitamente más necesario pues las dificultades que se les presentan fuera de casa son cada vez más. No podemos dejarlo al vaivén de las modas, de los conceptos erróneos, de la permisividad, del “todo vale”, del cada uno “a su bola”, del estar llenos de derechos y faltos de deberes, etc.

Esforzarse en conocer bien a los hijos evitará lamentos en el futuro y logrará el objetivo final de toda familia que es siempre la felicidad de los hijos.

En busca de la felicidad

Hay hoy algunas definiciones de moda que confunden felicidad con otras cosas: hedonismo, narcisismo, etc. En la vida hay una necesidad esencial y es que la persona sea feliz.  Las diferencias y discrepancias se dan en el cómo. Yo opino que una persona es feliz si durante el día cumple bien con sus responsabilidades y finalizado este, se encuentra satisfecha y contenta.

La felicidad es un estado de ánimo positivo que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada. Tal estado propicia paz interior, una visión positiva del entorno y una motivación que estimula a conquistar nuevas metas. En definitiva, es una condición interna de satisfacción y alegría.

Benjamín Franklin dijo que “la felicidad humana no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.

Tomás Chalmers añadió que “la felicidad de la vida es tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar”.

La felicidad no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.

Algo muy útil para ayudar a que cada uno de nuestros hijos tenga tanta felicidad como sea posible, es entender su desarrollo en cada momento evolutivo.

 

Etiquetas: Psicología Infantil, Escuela de Padres, Adolescencia, Pedagogia, Terapia Familiar, Educación, Psicología

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